Hola, soy Diana. Gracias por la visita — antes de que te adentres en esta aventura, quiero ponerte un poco en contexto.
Desde muy pequeña el movimiento estuvo presente en mí. Antes incluso de entender lo que significaba bailar, ya encontraba en la música un lugar donde expresarme y sentirme libre. Podía pasar horas danzando sin pensar si lo hacía bien o mal. Simplemente me dejaba ser. Hoy sigo creyendo que todos nacemos con esa capacidad: el movimiento forma parte de nosotros mucho antes que las palabras.
Soy mujer de varios sueños y emprendedora innata. He tenido varios proyectos importantes a lo largo de mi vida, y siempre hablaban del mismo lugar: el bienestar, la naturaleza, la creatividad y la curiosidad por comprender cómo vivimos y cómo nos sentimos.
Con veinte años abrí mi propio centro de bienestar. Fueron once años acompañando a muchas personas y aprendiendo cada día. Al mismo tiempo, la creatividad seguía llamándome: creé un estudio de fotografía y vídeo, estudié interpretación, danza y teatro, trabajé como bailarina en escenarios y di clases de baile. Todo esto, junto al autocuidado, me ayudó a salir de una crisis personal.
Después llegó uno de los proyectos más especiales de mi vida: construir con mis propias manos una furgoneta que acabó convirtiéndose en mi hogar. La llamé Caracola. Lo que empezó como un sueño terminó llevándome a recorrer el mundo durante varios años.
Viajar me enseñó muchísimas cosas: a escucharme más y a descubrir que, cuando salimos de los personajes que habitamos cada día, aparece una voz mucho más auténtica. Una voz que no siempre escuchamos entre el ruido, las prisas o las expectativas.
Estaba en una playa de Costa Rica, en Punta Islita. Después de una sesión de yoga al amanecer, pasé toda la mañana surfeando, y, como tantas otras veces cuando necesitaba escucharme, dibujé un corazón en la arena y me senté descalza a contemplar el mar. Simplemente estaba presente. Y entonces apareció: Soy Mi Medicina.
Comprendí que nadie puede vivir por nosotros, sentir por nosotros o escucharse por nosotros. Sí, podemos inspirarnos en otras personas, aprender de quienes han recorrido antes el camino, dejarnos acompañar. Pero, al final, cada uno necesita descubrir cuáles son los ingredientes que le ayudan a sentirse en equilibrio.
Para algunas personas será el movimiento. Para otras, la naturaleza. La respiración. La alimentación. El descanso. La creatividad. O una mezcla única de todo ello.
No creo en las fórmulas perfectas: creo en la personalización. Creo en aprender a escucharnos. En mover el cuerpo no solo para entrenarlo, sino para habitarnos.
Gracias por venir. Estás en tu casa.
— Diana